domingo, 25 de abril de 2010

A j.l.b:

Yo también pienso en las cosas que pudieron ser y no fueron.
Pero son cosas que tú y yo no compartiríamos. Por ejemplo, que el rostro de Helena quedara o no en la historia. Que Beda llegara o no a escribir el tratado de mitología sajona que tú, severamente, le impusiste...
Lo que me importa son otras cosas, mucho menos tantálicas, las manos que no pude tocar, los ojos que una vez me miraron con terror y que amé, la culpa que quedó atrapada en la rama de un árbol, el pájaro que no cantó porque le apretaron el cuello y que no aparece en ningún tratado de ornitología, la muerte que no tendré, abismal y catártica junto a la fuente de Antinoo, el espejo y el tigre de tu oscuro laberinto: El Borges que no fui por culpa de Borges.
Ante la tumba del poeta desconocido.
Ante esta tumba inclínate, pastor, y arroja tus semillas. Haz tu mejor discurso, hombre de barricada, ante estos huesos verdes ya del moho de la noche. Y tú, mujer, recuerda que aquí yace uno que cantó a tu belleza solo, en un cuarto oscuro de una casa de huéspedes cualquiera
Niño gentil, deposita aquí tu flor pequeña, ésta es también la tumba de un soldado.

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